jueves, 28 de noviembre de 2013
Prohibida lejana
Te quiero, afuera.
Te quiero, breve.
El rojo ya no lo eres más.
Te azulaste.
Llegaste prohibida.
Te vas permitida.
No te vayas o vete pronto.
¿Dónde estás?
Te quise afuera.
Te quise breve.
El rojo lo tienes menguado
Pero ahora estas a su lado
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lunes, 25 de noviembre de 2013
Luces amarillas lejanas
Drogado
Hipnosis de sonidos
Las personas caminan lentas ahora.
Todo es tan lento.
Mira ese marasmo.
Mira cómo se mueve.
Mira las casas.
Tienen tan bajo el techo.
Los dedos.
Mira mis dedos
La sensibilidad.
Pulsan leves.
Luces amarillas lejanas.
Me electrizan.
Me drogan.
Forman un rayo.
Cuidado! Se acerca el rayo
lunes, 18 de noviembre de 2013
No lo mates en mi cuarto
No lo mates en mi cuarto
Si veo tus manos
No lo soportare
Amásame. Déjalo morir
Si por el destino no quise creer
No creeré
Si por el mar no quise nadar
Me ahogare
En tu postal de ayer
No hay rostros
Las postales son siempre de ayer
Por eso no me gustan
Mira ese libro en blanco
Mira esas flores verdes
Tan bella la muerte
Y tan sucio el cuarto
domingo, 11 de agosto de 2013
Marinero de altamar
Marinero del altamar
Dime a donde vas
No tienes puerto
El destino te va a guiar
Te vi caer
Pero no te vi ahogar
Solo encendiste un cigarro
Y vi la bocanada partir
El barco que naufraga
Es el que no zarpa
Peor que la marejada
Es no ver la marejada
Marinero del altamar
Te vi partir y no volver
Dijiste que era tarde volver
Siempre es tarde para volver. Siempre
viernes, 24 de mayo de 2013
Muletilla
La música dejó de escucharte. Ya no eres más noche. No eres más luna. Quizá
nunca lo fuiste. Quizá nuca lo serás. Tu oscura lengua se aclara
inexorablemente y vas perdiendo sangre. Ya perdiste tanta sangre que andas enflaqueciendo
de identidad.
Te gusta tanto el ocaso que ahora te hayas un acaso. Si alguna vez
fuiste oscura, el sol te aclaró demasiado. Tu repetición cansó a la nubazón. Ninguna
nube quiere llover sobre ti. Ahora tienes leucemia, porque hasta tu sangre te
traiciona.
La noche te dio la espalda. Incluso a ti, que te gusta la noche. Tu
sonrisa se hizo tan inestable como el invierno limeño. Te colocaste la pañuelo
negro y de tanto uso se hizo blanco. Ahora, la música dejó de escucharte. Ahora eres muletilla.
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lunes, 20 de mayo de 2013
Comer y ver comer
Buscaron encontrarle el sabor a la ensalada. Los limones y
tomates rodaban sobre la mesa, mientras las cebollas yacían remojadas en un
recipiente con agua. Los muchachos se alistaban a preparar la mesa, sus ánimos
se alimentaban de las ansias de comer y ver comer. La música sonaba
pornográfica.
Con la pizza servida, la ensalada lista y el vino aún
cerrado, se sentaron a comer y ver comer. Quizá una extraña sensación de
caníbales los empezaba invadir. El muchacho, de piel tersa, no distinguía los
procesos de mezcla de la comida. Su voraz apetito lo invadía a servirse de todo
aquello que podía comer. El apetito puede ser voraz, y los dientes obedecen a
un deseo.
La mujer, intuitiva, centraba su atención en comer despacio
y con cautela. Su hambre no contenía la esperanza de ser animal, comía hasta
donde quería, hasta donde podía. El apetito puede ser voraz, pero los dientes
obedecen a la razón.
De alguna forma las personalidades mordían la pizza con
diferentes intensiones. La ensalada aportaba frescura a los paladares que
sentían al limón recorrer sus gargantas. Tal cual recorre la creatividad en un amor conyugal.
Eran las 8 de la noche, el vino se abrió luego de comer el
postre. El muchacho había esperado el postre hacia mucho. Sus intenciones se
hacían tangibles, se podían morder. El postre constituía el lado libidinoso de
la cena. La mujer también comió del postre, pero quizá el postre no comerá de
ella.
Y el vino navegaba en bocas ajenas. Humectaba la noche y los
labios. Nada sabe mejor que un beso sabor a vino. Quizá sea al vino a quien le
guste besar. Aquellos muchachos nunca lo llegarán a saber, pues la cena nunca
trascendió. El muchacho distraído y la chica mojigata agudizaron sus
identidades y el vino nunca fue ‘besado’.
Alguien se levanto de la mesa, ya había comido y bebido, la
cena había concluido ¿Para que continuar sentado? Mientras otra persona permanecía
en su sitio, esperando que las palabras y el vino sirvan para sellar un momento.
No se entendieron. Discutieron. Se amistaron. Volvieron a discutir… Un momento
se hace eterno en una cena y de una cena no se hizo un momento.
Las 9 de la noche y la cama estaba vacía, alguien lloraba en
el baño, mientras afuera una persona fumaba su tercer cigarrillo. Ya habían comido
y ya habían visto ver comer.
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Breves ideas sucias
Al costado de las botellas de agua, hay breves ideas
amontonadas en la mesa, tan sucias como la mesa misma, maloliente, desmejorada
y desordenada. Moscas y gusanos luchan devorar cualquier residuo. En ese
muladar sórdido, sumido en la inexorable bohemia que la rodea, las botellas de
agua parecen afectadas por un verde moho pestilente que crece a su interior.
Los surcos de la sabana son tan pequeños como las ganas de
despertar de aquel hombre. No hay reloj de tiempo, solo hay uno que apenas
diferencia el día de la noche. Ahora mismo estamos de noche, la luna fea y
gorda no aviso cuando se encendió. Los surcos de la sabana se mueven al leve
movimiento de los pies de aquel hombre.
La mesa de noche, que nunca amanecerá y será siempre de
noche, carga a un pequeño ventilador, indispensable para amortiguar el cruel
calor que azota en la habitación y para promover el descanso de aquel hombre.
El sol descendido, dejó las llamas de su odio en el interior de la cama y en el
interior de aquel hombre.
Durmiendo boca abajo, el hombre mordía la almohada, dejando
que el sueño vague por su cuerpo. El vicio de dormir es el éxtasis del
silencio. El silencio duerme todo el tiempo. Su mama no se atreve a despertarlo,
es todo un dormilón.
Sobre la mesa, las breves ideas pestilentes continúan descansando
sobre la mesa. No piensan cual será su devenir, capaz ni siquiera piensan.
Nadie las conoce, ha sido discriminadas por ser
muy sucias, muy sórdidas, muy sátiras.
En la esquina de la habitación, hay ropas diversas;
diferentes colores, tamaños, diseños, tan diferentes que el sexo no
diferenciaba que ropa usar. El sexo no sabe que ropa usar, todo le queda y nada
le queda a la vez. Que complicado es el sexo.
El sueño no va despertar nunca, se llevó un soldado
desertor. Se fueron exiliados donde nadie los reconozca. Llegarán al bosque,
donde los espera un río. Allí se quitaran la ropa y en un verde día,
descasarán.
Mientras en la habitación, el hombre continuará durmiendo y
las breves ideas sucias esperarán por alguien que las despierte.
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miércoles, 8 de mayo de 2013
Con Spinetta, desnudo en mi eter

La bisagras de la puerta del cuarto se rasgan para abrir, están tan viejas que riñen entre si. Todo conspira para asesinar cualquier posibilidad de silencio. Y cuando la quietud para soplar en el viento, siempre queda alguna reminiscencia de ruido. En Tarapoto no existe el silencio. Siempre hay algo sonando.
El espejo se quiebra a la melodía Spinettana. El ‘flaco’ se
sentó a las faldas de la cama, me miraba mientras cantaba con guitarra en mano,
derritiendo a esa melodía, como queriendo desvestir la fina ropa blanca de
aquella chica hermosa, como masturbarte el cerebro, como desnudar la voz de María
Calas…
Me arroje a la cama abrumado de libertad, creo que no existe
mayor placer que el sonido. Que el acorde es la morfología de la vida, que
nadamos en piletas gigantes y flotamos de placer mientras huimos en estado de
narcosis, alucinados como aves drogadas.
Cogí mis sentidos, mis dedos meñiques y emprendí viaje. Esa canción
era un bálsamo para mis pies. Un jardinero que temprano amaneció, me
desatormentó para enseñarme a su hermosa serpiente que viajaba por la sal.
Continuaba remolcándome en la cama. Spinetta no deshiilachaba
las hojas del viento, sino al viento mismo, se mimetizaba con el. Su guitarra y
su voz es el cáncer del cual estoy condenado. Y la metástasis avanza irremediablemente.
No tengo cura.
Gracias por todo ‘flaco’. No puedo evitar fumar el riff que
expones a diario en este otoño tardío. No he hecho esto por nadie. Y por nadie
lo hare. También se lo debo a Gustavo. Mi sospecha es que está perdido en algún
puente amarillo. (Regresa Gus, ya pasó el temblor)
Ya las bisagras se rasgan ahora en Lima, acá tampoco parece
existir el silencio. Las luces oscurecen temprano sin las progresivas melodías spinettanas.
Mañana es mejor al lado de la muchacha de ojos de papel. Pienso que, estas ahí,
ahí, muy cerca flaco. Gracias por invitarme el durazno sangrando. Nunca probé
nada mejor.
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