lunes, 20 de mayo de 2013

Comer y ver comer




Buscaron encontrarle el sabor a la ensalada. Los limones y tomates rodaban sobre la mesa, mientras las cebollas yacían remojadas en un recipiente con agua. Los muchachos se alistaban a preparar la mesa, sus ánimos se alimentaban de las ansias de comer y ver comer. La música sonaba pornográfica.

Con la pizza servida, la ensalada lista y el vino aún cerrado, se sentaron a comer y ver comer. Quizá una extraña sensación de caníbales los empezaba invadir. El muchacho, de piel tersa, no distinguía los procesos de mezcla de la comida. Su voraz apetito lo invadía a servirse de todo aquello que podía comer. El apetito puede ser voraz, y los dientes obedecen a un deseo.

La mujer, intuitiva, centraba su atención en comer despacio y con cautela. Su hambre no contenía la esperanza de ser animal, comía hasta donde quería, hasta donde podía. El apetito puede ser voraz, pero los dientes obedecen a la razón.

De alguna forma las personalidades mordían la pizza con diferentes intensiones. La ensalada aportaba frescura a los paladares que sentían al limón recorrer sus gargantas. Tal cual recorre la  creatividad en un amor conyugal.

Eran las 8 de la noche, el vino se abrió luego de comer el postre. El muchacho había esperado el postre hacia mucho. Sus intenciones se hacían tangibles, se podían morder. El postre constituía el lado libidinoso de la cena. La mujer también comió del postre, pero quizá el postre no comerá de ella.

Y el vino navegaba en bocas ajenas. Humectaba la noche y los labios. Nada sabe mejor que un beso sabor a vino. Quizá sea al vino a quien le guste besar. Aquellos muchachos nunca lo llegarán a saber, pues la cena nunca trascendió. El muchacho distraído y la chica mojigata agudizaron sus identidades y el vino nunca fue ‘besado’.

Alguien se levanto de la mesa, ya había comido y bebido, la cena había concluido ¿Para que continuar sentado? Mientras otra persona permanecía en su sitio, esperando que las palabras y el vino sirvan para sellar un momento. No se entendieron. Discutieron. Se amistaron. Volvieron a discutir… Un momento se hace eterno en una cena y de una cena no se hizo un momento.

Las 9 de la noche y la cama estaba vacía, alguien lloraba en el baño, mientras afuera una persona fumaba su tercer cigarrillo. Ya habían comido y ya habían visto ver comer.







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