La música dejó de escucharte. Ya no eres más noche. No eres más luna. Quizá
nunca lo fuiste. Quizá nuca lo serás. Tu oscura lengua se aclara
inexorablemente y vas perdiendo sangre. Ya perdiste tanta sangre que andas enflaqueciendo
de identidad.
Te gusta tanto el ocaso que ahora te hayas un acaso. Si alguna vez
fuiste oscura, el sol te aclaró demasiado. Tu repetición cansó a la nubazón. Ninguna
nube quiere llover sobre ti. Ahora tienes leucemia, porque hasta tu sangre te
traiciona.
La noche te dio la espalda. Incluso a ti, que te gusta la noche. Tu
sonrisa se hizo tan inestable como el invierno limeño. Te colocaste la pañuelo
negro y de tanto uso se hizo blanco. Ahora, la música dejó de escucharte. Ahora eres muletilla.

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