domingo, 10 de julio de 2011

Una vibra


El espíritu voraz del ego
El diablo engulle
Bosteza
Ruge
Infla el pecho
El ego como vibra
¡Vibra!


¿Quién te conoce?
Por tus miedos,
Nadie
Por tu logros,
Todos
Ego. Fuerza
¡Vibra!


¿Puedes sentir un lobo dentro tuyo?
La fuerza del ego.
Algo enorme te come
El espíritu voraz del ego
Siente tu ego
El real ego
Aquel vibra
¡Vibra!

Negativo
Las calles humildes
Valores remplazados
Un solo puño
Una sola ambición
Tu solo ego, tu arma
Infla el pecho
¡Vibra!


Caballos
Gallos
Un león en contrapicado
Dos gatos me miran
Todos cierran los ojos
Ansias de poder
Un solo ego
Fuerza
Vibra


El diablo con sed
Percusión fuerte
Puños cerrados
Poder
Siente el ego
¿Lo sientes?
¡Vibra!

miércoles, 29 de junio de 2011

Tal vez el agua, tal vez el aire (parte 2)



“Nadar es vivir”, pensaba el Delfín cuando recorría las aguas densas del ultra-mar. Se puede nadar aún en la tierra. Se puede nadar aún en el aire. Se puede nadar-dicen- aún en el espacio virtual. Que intrigantes resultan ser las cosas cuando no se tiene nada claro, pero a la vez, que fantástico resulta ser no tener certeza de nada, para empezar a descubrir todo.

Las nuevas olas suelen refrescar el mar. Se acercan a la orilla, remiden la arena, anidan las espumas y se alejan para el devenir de nuevas olas. Así funcionó siempre y así funciona bien. El Delfín lo sabe, por eso nada atravesando caudalosas corrientes, por eso nada fuerte, allá en el ultra-mar, por eso hoy su pulso late más fuerte.

La sirena meditabunda, de mirada lenta y voz sublime, lastima a las pobres aves de que la rodean. Las lastima con su encantadora belleza, pues de tanto mirarla mueren impactados de tanto derroche de beldad. Ahí va ella, con tan bella paciencia en una isla apurada. Allí va ella, con tanta ilusión en una isla desierta. Ahí va ella, tan humana, tan sirena.

El frío del pacifico trae garuas, motivación que inspira la creación artística, que impulsan a los animales marinos a querer acercarse a la superficie del mar. El Delfín no es la excepción y una extraña motivación lo lleva a querer nadar sobre la superficie del agua. Tal vez el agua, tal vez el aire. Nada cauto y presume encontrar algo. Quizá allá afuera lo espere una isla o algo más…

¿Qué pasará con el Delfín? ¿Qué extraña motivación lo lleva a querer nadar sobre la superficie del mar? ¿Qué es lo que presume? ¿Se encontrarán el Delfín y la sirena? ¿Se atreverá la sirena a que el Delfín conozca su isla? ¿Cómo terminará la historia?

miércoles, 8 de junio de 2011

Tal vez agua, tal vez viento



“Tiene una mirada tenue y triste, muy parecida a la mía”, pensó el Delfín. No quería acercarse, tenía ciertos miedos. La miraba y la miraba, siempre de arriba abajo, pues no quería salir del agua. “Si salgo, podrá observarme y capaz nos llevemos una desilusión uno del otro”, pensaba.

La veía desde el interior del agua. Su figura lo atrapaba. Parecía cegado e indolente, al tiempo el delfín se volvió Epicurista, a pesar que ambos apenas podían verse a través del agua. Sus voces, siempre animales y arcanas, no cesaban. Muchas veces caían en el absurdo, pero “incluso la incoherencia suele ser divertida”, pensaba el Delfín.

La sirena, sentada en su isla, miraba desolada como se había alejado de las demás sirenas. Ahora se encontraba sola, y aunque siempre fue su deseo tener una isla propia, le costaba adaptarse. Fue entonces cuando, destino desdichado que decide el futuro, el mar le arrogó un animal, con el que puede salir del letargo.

“No entiendo nada”, pensaba cabizbajo el delfín. Su cuerpo lizo y con olor de ultra-mar se deslizaba vivo, muy vivo, por debajo del mar. Tenía ganas de romper el nivel del agua con el aire, pero aun se contenía. Podía verlo, pero a la vez quería ser visto. Su presente era el agua, tal vez el viento. “Mañana será mejor", pensó y enterró su cabeza a toda furia para volver a nadar…

viernes, 18 de marzo de 2011

Atrapando tiempos


La vez que el adivino se acercó al profeta ambos dudaron de su destino, la predicción entre sí no podría ser más profunda. Nunca antes se pudo ver dos hombres más ilustrados en el devenir.

-El después mato al presente, dijo el adivino
-Mañana es mejor, respondió el profeta

No se saludaron. Solo se habían cruzado en algún desierto de cualquier lugar. Cuán difícil debe ser soportar las tormentas de arena. Vestidos de túnicas celeste y blanca. Sin mucho misterio pero con tanto que decir. Luego de densas miradas, volvieron a embestir.

-Siempre es hoy, dijo el primero.
-Solo se conoce el presente, refirió el segundo.

Nubes grises se acercaban y mientras, los dos parados frente a frente, sin mucho dolor en sus vidas. Encarnados en diferentes tiempos, solo bastaba ver en sus miradas la intensidad de su alma, el espejo del ser. Nunca mas, dos hombres volvieron a permanecer en una misma orbita, pero a la vez, contrariados por significados de sus mismos mensajes. Por un momento, dejaron de mirarse, solo se observaban. Fue la última vez que se vieron y la primera vez que se conocieron.

-Todo tiempo pasado fue mejor, dijo uno
-El único tiempo concreto, conocido y añorado es el pasado, dijo el otro.

Encogieron los hombros. Dudas generan más dudas y uno nunca terminara de comprender cuan ancho y arcano puede ser el tiempo. Se volvieron mutuamente, mientras siguieron su camino. Adivino y profeta se marcharon con diferentes y comunes destinos. Adivino y profeta marcaron diferentes tiempos y senderos. ¿A cuál de ellos vas tú?

domingo, 31 de octubre de 2010

Sobre ellos que son aquellos


Me encontré hace poco con un artista fracasado, un antiguo compañero de nose donde. De esos 'heroes' bohemios que siempre ven la vida como caos. Sobrevivo a esta mierdaa de vida. De apariencia descuidada y el cabello largo. Todos se viste igual. ¿Alguien se pregunta porqué?

En fin, cuando uno se retira de conversar con ellos, siempre tiene la sensasión que fueron analizados detalladamente, y que ellos contarán a sus pares la ingrata sorpresa que se llevaron. Ahora es un estúpido universitario, de ropa limpia y pelo ordenado Dueños de la justicia poética, son amos de la decadencia pírrica. Sin fondo, pero con mucha forma, avanza con mucho estilo, aunque no les importe tener lucidez de su destino.

Poesía, licor, mujeres , música, y mucho mucho fracaso en el devenir. Son oráculos descifrando un desastre, sobretodo si se trata de ellos mismo. Pese a casi todos los argumentos expuestos, uno siempre tiene la sensacion que quiere formar parte de ellos. ¿Porque? Una extraña curiosidad invade y nos quiere hacer conocer lo poco conocido, hasta formar parte de ellos.

Hay que reconocer que lo mas difícil es ser asi todo el tiempo. Claro es un estilo de vida, no se decide, simplemente lo eres. Una melancolia eterna, simpática y entrañable. Algo me dice que la mayoria de ellos cambian, los mas ortodoxos no.

Fuí exagerado al inicio, no son ni artistas, ni fracasados. ¿Aló con los .....? ¡como los llamo!. Podría ser difícil tener que ver a uno de ellos cada cierto tiempo.

Y como pasan las horas... se hizo muy tarde. ¿Un vino? No hay fiesta, solo vino...

martes, 19 de octubre de 2010

EL PRODIGIO DE LA PALABRA




Aquella tarde la lluvia era gris, un aroma a melancolía se respiraba en el ambiente. Un color ocre parecía bañar los autos, las calles, la gente. El mundo era ocre aquella tarde.

Rafael miraba desde su ventana El tenia el rostro meditabundo, cualquiera diría que estaba afligido y su mirada se concentraba en el parque. Allí había cinco mesas de ajedrez mojadas por la lluvia. El era un aficionado al deporte de los caballos y alfiles. Quería jugar, pero estaba solo.

De pronto sonó su timbre, el bajo raudo. Eran tres señores. Venían a buscar a su padre y traían consigo, un par de tableros y piezas de ajedrez. El padre de Rafael era un experto jugador, pero no estaba. Los señores al enterarse de la ausencia se marcharon, Pero uno de ellos se volvió y pregunto “¿Tú juegas al ajedrez?”

De pronto una emoción le sobresalto y corrió a buscar un abrigo. Se fue a jugar con ellos. El mundo se volvió primara en un instante. Rafael llego al parque y jugo con uno de ellos. Su emoción era inmensa, jugaba con toda pasión, mientras el experto señor se mostraba frió y calculador.

Al cabo de un instante, una palabra cambio todo. “Jaque mate” se escucho a viva voz. Era aquel señor quien vencía al joven Rafael. El mundo se detuvo. Una palabra lo había paralizado. Una prodigiosa palabra. Un carga emotiva hecha palabra. Una palabra que volvió ocre nuevamente al mundo.

De pronto Rafael se dio cuenta que la lluvia continuaba, que de hecho nunca se detuvo. Que el mundo seguía siendo el mismo. Y que su rostro era otra vez meditabundo, cualquiera diría que estaba afligido.

El camino de vuelta a casa fue lento. Pero al entrar se quito el abrigo, pues ya no sentía frió.

domingo, 1 de agosto de 2010

CAOS VEHICULAR: La Molina y una crisis




“Anda temprano a la Universidad, hijo. Recuerda que el tráfico esta cada día peor” me advierte mi madre. Yo continúo redactando mi crónica. De pronto veo la hora. ¡4:30!. Cojo mis cosas y salgo disparado al paradero.

Subo a la combi y consigo sentarme. Abro la ventana para sentir la brisa y veo la misma faena de siempre: El tránsito entre la Av. Raúl Ferrero y Av. El Corregidor. Suspiro desconsolado y recuerdo que son 50 mil personas que sufren el caos vehicular en este cruce, según cifras de la Municipalidad de Lima.

Llevo 15 minutos atascado en el cruce de la Av. Corregidor con la Av. Raúl Ferrero. El transito es agobiante y los pasajeros empiezan a desesperarse. “Es urgente que anchen esta pista” vocifera un señor desde su auto. El transito no distingue, molesta a todos por igual.

La combi logra zafar del tránsito vehicular. Ahora luce repleta y no se detiene. En los paraderos las personas se aglomeran para conseguir un transporte mientras en la combi, la radio insiste en reiterarnos la hora.

En el cruce de la Av. La Molina con Javier Prado, los carros provenientes de Santa Anita, Ate y Cieneguilla forman un nuevo nudo. Javier Prado es la única salida vehicular del distrito. Según expertos, los molineros tardamos hora y media en salir de nuestro distrito, entre las 5:00 pm a 9:00 pm

Con mucho esfuerzo, la combi logra salir de otro embotellamiento. “¡Avanza oe! Es tarde” le grita una señora al chofer. El miedo a llegar tarde es cada vez más inevitable.

Faltan cinco minutos para que inicie mi clase y aun me quedan 20 minutos de viaje. En la Av. Javier Prado, los carros avanzan y se detienen con una intermitencia desesperante.

La congestión vehicular no se alivia. Faltan solo cuatro cuadras para mi destino. Espero 5, 10, 15 minutos; no soporto más. Me levanto y bajo del carro. “Hasta cuando seguirá esto, ¡Dios!” imploro renegando, mientras camino…pues no hay otra.