martes, 19 de octubre de 2010

EL PRODIGIO DE LA PALABRA




Aquella tarde la lluvia era gris, un aroma a melancolía se respiraba en el ambiente. Un color ocre parecía bañar los autos, las calles, la gente. El mundo era ocre aquella tarde.

Rafael miraba desde su ventana El tenia el rostro meditabundo, cualquiera diría que estaba afligido y su mirada se concentraba en el parque. Allí había cinco mesas de ajedrez mojadas por la lluvia. El era un aficionado al deporte de los caballos y alfiles. Quería jugar, pero estaba solo.

De pronto sonó su timbre, el bajo raudo. Eran tres señores. Venían a buscar a su padre y traían consigo, un par de tableros y piezas de ajedrez. El padre de Rafael era un experto jugador, pero no estaba. Los señores al enterarse de la ausencia se marcharon, Pero uno de ellos se volvió y pregunto “¿Tú juegas al ajedrez?”

De pronto una emoción le sobresalto y corrió a buscar un abrigo. Se fue a jugar con ellos. El mundo se volvió primara en un instante. Rafael llego al parque y jugo con uno de ellos. Su emoción era inmensa, jugaba con toda pasión, mientras el experto señor se mostraba frió y calculador.

Al cabo de un instante, una palabra cambio todo. “Jaque mate” se escucho a viva voz. Era aquel señor quien vencía al joven Rafael. El mundo se detuvo. Una palabra lo había paralizado. Una prodigiosa palabra. Un carga emotiva hecha palabra. Una palabra que volvió ocre nuevamente al mundo.

De pronto Rafael se dio cuenta que la lluvia continuaba, que de hecho nunca se detuvo. Que el mundo seguía siendo el mismo. Y que su rostro era otra vez meditabundo, cualquiera diría que estaba afligido.

El camino de vuelta a casa fue lento. Pero al entrar se quito el abrigo, pues ya no sentía frió.

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