miércoles, 29 de junio de 2011

Tal vez el agua, tal vez el aire (parte 2)



“Nadar es vivir”, pensaba el Delfín cuando recorría las aguas densas del ultra-mar. Se puede nadar aún en la tierra. Se puede nadar aún en el aire. Se puede nadar-dicen- aún en el espacio virtual. Que intrigantes resultan ser las cosas cuando no se tiene nada claro, pero a la vez, que fantástico resulta ser no tener certeza de nada, para empezar a descubrir todo.

Las nuevas olas suelen refrescar el mar. Se acercan a la orilla, remiden la arena, anidan las espumas y se alejan para el devenir de nuevas olas. Así funcionó siempre y así funciona bien. El Delfín lo sabe, por eso nada atravesando caudalosas corrientes, por eso nada fuerte, allá en el ultra-mar, por eso hoy su pulso late más fuerte.

La sirena meditabunda, de mirada lenta y voz sublime, lastima a las pobres aves de que la rodean. Las lastima con su encantadora belleza, pues de tanto mirarla mueren impactados de tanto derroche de beldad. Ahí va ella, con tan bella paciencia en una isla apurada. Allí va ella, con tanta ilusión en una isla desierta. Ahí va ella, tan humana, tan sirena.

El frío del pacifico trae garuas, motivación que inspira la creación artística, que impulsan a los animales marinos a querer acercarse a la superficie del mar. El Delfín no es la excepción y una extraña motivación lo lleva a querer nadar sobre la superficie del agua. Tal vez el agua, tal vez el aire. Nada cauto y presume encontrar algo. Quizá allá afuera lo espere una isla o algo más…

¿Qué pasará con el Delfín? ¿Qué extraña motivación lo lleva a querer nadar sobre la superficie del mar? ¿Qué es lo que presume? ¿Se encontrarán el Delfín y la sirena? ¿Se atreverá la sirena a que el Delfín conozca su isla? ¿Cómo terminará la historia?

miércoles, 8 de junio de 2011

Tal vez agua, tal vez viento



“Tiene una mirada tenue y triste, muy parecida a la mía”, pensó el Delfín. No quería acercarse, tenía ciertos miedos. La miraba y la miraba, siempre de arriba abajo, pues no quería salir del agua. “Si salgo, podrá observarme y capaz nos llevemos una desilusión uno del otro”, pensaba.

La veía desde el interior del agua. Su figura lo atrapaba. Parecía cegado e indolente, al tiempo el delfín se volvió Epicurista, a pesar que ambos apenas podían verse a través del agua. Sus voces, siempre animales y arcanas, no cesaban. Muchas veces caían en el absurdo, pero “incluso la incoherencia suele ser divertida”, pensaba el Delfín.

La sirena, sentada en su isla, miraba desolada como se había alejado de las demás sirenas. Ahora se encontraba sola, y aunque siempre fue su deseo tener una isla propia, le costaba adaptarse. Fue entonces cuando, destino desdichado que decide el futuro, el mar le arrogó un animal, con el que puede salir del letargo.

“No entiendo nada”, pensaba cabizbajo el delfín. Su cuerpo lizo y con olor de ultra-mar se deslizaba vivo, muy vivo, por debajo del mar. Tenía ganas de romper el nivel del agua con el aire, pero aun se contenía. Podía verlo, pero a la vez quería ser visto. Su presente era el agua, tal vez el viento. “Mañana será mejor", pensó y enterró su cabeza a toda furia para volver a nadar…