
“Nadar es vivir”, pensaba el Delfín cuando recorría las aguas densas del ultra-mar. Se puede nadar aún en la tierra. Se puede nadar aún en el aire. Se puede nadar-dicen- aún en el espacio virtual. Que intrigantes resultan ser las cosas cuando no se tiene nada claro, pero a la vez, que fantástico resulta ser no tener certeza de nada, para empezar a descubrir todo.
Las nuevas olas suelen refrescar el mar. Se acercan a la orilla, remiden la arena, anidan las espumas y se alejan para el devenir de nuevas olas. Así funcionó siempre y así funciona bien. El Delfín lo sabe, por eso nada atravesando caudalosas corrientes, por eso nada fuerte, allá en el ultra-mar, por eso hoy su pulso late más fuerte.
La sirena meditabunda, de mirada lenta y voz sublime, lastima a las pobres aves de que la rodean. Las lastima con su encantadora belleza, pues de tanto mirarla mueren impactados de tanto derroche de beldad. Ahí va ella, con tan bella paciencia en una isla apurada. Allí va ella, con tanta ilusión en una isla desierta. Ahí va ella, tan humana, tan sirena.
El frío del pacifico trae garuas, motivación que inspira la creación artística, que impulsan a los animales marinos a querer acercarse a la superficie del mar. El Delfín no es la excepción y una extraña motivación lo lleva a querer nadar sobre la superficie del agua. Tal vez el agua, tal vez el aire. Nada cauto y presume encontrar algo. Quizá allá afuera lo espere una isla o algo más…
¿Qué pasará con el Delfín? ¿Qué extraña motivación lo lleva a querer nadar sobre la superficie del mar? ¿Qué es lo que presume? ¿Se encontrarán el Delfín y la sirena? ¿Se atreverá la sirena a que el Delfín conozca su isla? ¿Cómo terminará la historia?
