
La vez que el adivino se acercó al profeta ambos dudaron de su destino, la predicción entre sí no podría ser más profunda. Nunca antes se pudo ver dos hombres más ilustrados en el devenir.
-El después mato al presente, dijo el adivino
-Mañana es mejor, respondió el profeta
No se saludaron. Solo se habían cruzado en algún desierto de cualquier lugar. Cuán difícil debe ser soportar las tormentas de arena. Vestidos de túnicas celeste y blanca. Sin mucho misterio pero con tanto que decir. Luego de densas miradas, volvieron a embestir.
-Siempre es hoy, dijo el primero.
-Solo se conoce el presente, refirió el segundo.
Nubes grises se acercaban y mientras, los dos parados frente a frente, sin mucho dolor en sus vidas. Encarnados en diferentes tiempos, solo bastaba ver en sus miradas la intensidad de su alma, el espejo del ser. Nunca mas, dos hombres volvieron a permanecer en una misma orbita, pero a la vez, contrariados por significados de sus mismos mensajes. Por un momento, dejaron de mirarse, solo se observaban. Fue la última vez que se vieron y la primera vez que se conocieron.
-Todo tiempo pasado fue mejor, dijo uno
-El único tiempo concreto, conocido y añorado es el pasado, dijo el otro.
Encogieron los hombros. Dudas generan más dudas y uno nunca terminara de comprender cuan ancho y arcano puede ser el tiempo. Se volvieron mutuamente, mientras siguieron su camino. Adivino y profeta se marcharon con diferentes y comunes destinos. Adivino y profeta marcaron diferentes tiempos y senderos. ¿A cuál de ellos vas tú?