Y, quizá sea una hermosa nube limeña la que escriba esto. Cuando despertó, no existía sensación más sublime que el mismo rostro del gris-frio-Lima. Es inconfundible. Amanece tenue, siempre tenue, como una lenta bocanada de un cigarro (que sabe mejor cuando se acerca la hora que caiga el sol.)
Existen tres causas que grafican con perfecta sencillez la Lima que nos trae siempre el mes de Agosto (¿Qué tiene Agosto, que lo hace tan especial? entre muchas cosas, su clima: El Otoño)
La primera, esa garúa es fría (o tal vez sean sea el frio el culpable de la temperatura de la garúa) pero cuando el espíritu late, con la chispa adecuada, no existen necesidades de medir la calidez de la garúa, pues, puedo decir con la mayor objetividad que, es siempre tibia. Tan tibia como el resto del clima, el viento y la humedad. Incluso el gris, es un color tibio.
El viento por su parte, aporta esa densidad tan extraordinariamente perfecta para seguir sumando valores a ese clima tan rico-hermoso-virtuoso que suele traer el otoño. Todo color tenue rasposo, como un dibujo en etapa de boceto. Quizá por eso, después del otoño, viene la primavera. Así como, para el éxito de un trabajo manual es necesario buen boceto, así también, un hermoso otoño, como los que nos suele traer Lima, traerá una bella primavera.
Los bocetos, nunca valorados, suelen terminar en el tacho de basura, al concluir su etapa. El común se queda con el trabajo final. Así también, ocurre con el otoño, que tiene la desgracia (¿o quizá ahí radica su secreto?) de anteceder a la primavera, que dicho sea de paso, es encantadora, bella como ella misma. (¿Quizá la más linda de todas?)Es hermosa como una mariposa… que antes fue oruga.
Un último aspecto recae en la neblina. Rebelde, viva, vigorosa… (¿Quién se atreve a ocultar al todopoderoso Sol? ¿Nadie? Siempre hay alguien: La neblina) Las gotas de agua se suspenden en el aire, gritando a toda voz: “Aun estoy yo”. La neblina te suele susurrar: “ven acá, tengo algo mas… ven por mí. Es toda una misteriosa ¿Detrás de ti, hay algo? Sí, estoy yo, la neblina.
¿Y la tristeza, siempre menospreciada tan alegremente, tendrá alguna relación con tan gratificante clima? Pues, como suelo decir ahora, ‘A veces si, a veces no’ o un categórico e irrefutable: ‘Depende’. De las circunstancias, de tu “yo”, de “tu paz” o de tu “valentía”, para que a pesar de un mal contexto, saber valorar un clima que fue fácilmente rotulado como ‘triste’. (Pues, que fácil resulta pasear en un globo aerostático cuando se tiene uno… aunque nunca se sabe cuando se pinchará)
Y, quizá sea una hermosa nube limeña la que escriba esto. Entonces le diré: Gracias nube, recuerda esto: ‘Siempre hay algo más’.



