martes, 16 de agosto de 2011

Agosto


Y, quizá sea una hermosa nube limeña la que escriba esto. Cuando despertó, no existía sensación más sublime que el mismo rostro del gris-frio-Lima. Es inconfundible. Amanece tenue, siempre tenue, como una lenta bocanada de un cigarro (que sabe mejor cuando se acerca la hora que caiga el sol.)

Existen tres causas que grafican con perfecta sencillez la Lima que nos trae siempre el mes de Agosto (¿Qué tiene Agosto, que lo hace tan especial? entre muchas cosas, su clima: El Otoño)

La primera, esa garúa es fría (o tal vez sean sea el frio el culpable de la temperatura de la garúa) pero cuando el espíritu late, con la chispa adecuada, no existen necesidades de medir la calidez de la garúa, pues, puedo decir con la mayor objetividad que, es siempre tibia. Tan tibia como el resto del clima, el viento y la humedad. Incluso el gris, es un color tibio.

El viento por su parte, aporta esa densidad tan extraordinariamente perfecta para seguir sumando valores a ese clima tan rico-hermoso-virtuoso que suele traer el otoño. Todo color tenue rasposo, como un dibujo en etapa de boceto. Quizá por eso, después del otoño, viene la primavera. Así como, para el éxito de un trabajo manual es necesario buen boceto, así también, un hermoso otoño, como los que nos suele traer Lima, traerá una bella primavera.

Los bocetos, nunca valorados, suelen terminar en el tacho de basura, al concluir su etapa. El común se queda con el trabajo final. Así también, ocurre con el otoño, que tiene la desgracia (¿o quizá ahí radica su secreto?) de anteceder a la primavera, que dicho sea de paso, es encantadora, bella como ella misma. (¿Quizá la más linda de todas?)Es hermosa como una mariposa… que antes fue oruga.

Un último aspecto recae en la neblina. Rebelde, viva, vigorosa… (¿Quién se atreve a ocultar al todopoderoso Sol? ¿Nadie? Siempre hay alguien: La neblina) Las gotas de agua se suspenden en el aire, gritando a toda voz: “Aun estoy yo”. La neblina te suele susurrar: “ven acá, tengo algo mas… ven por mí. Es toda una misteriosa ¿Detrás de ti, hay algo? Sí, estoy yo, la neblina.

¿Y la tristeza, siempre menospreciada tan alegremente, tendrá alguna relación con tan gratificante clima? Pues, como suelo decir ahora, ‘A veces si, a veces no’ o un categórico e irrefutable: ‘Depende’. De las circunstancias, de tu “yo”, de “tu paz” o de tu “valentía”, para que a pesar de un mal contexto, saber valorar un clima que fue fácilmente rotulado como ‘triste’. (Pues, que fácil resulta pasear en un globo aerostático cuando se tiene uno… aunque nunca se sabe cuando se pinchará)

Y, quizá sea una hermosa nube limeña la que escriba esto. Entonces le diré: Gracias nube, recuerda esto: ‘Siempre hay algo más’.




domingo, 10 de julio de 2011

Una vibra


El espíritu voraz del ego
El diablo engulle
Bosteza
Ruge
Infla el pecho
El ego como vibra
¡Vibra!


¿Quién te conoce?
Por tus miedos,
Nadie
Por tu logros,
Todos
Ego. Fuerza
¡Vibra!


¿Puedes sentir un lobo dentro tuyo?
La fuerza del ego.
Algo enorme te come
El espíritu voraz del ego
Siente tu ego
El real ego
Aquel vibra
¡Vibra!

Negativo
Las calles humildes
Valores remplazados
Un solo puño
Una sola ambición
Tu solo ego, tu arma
Infla el pecho
¡Vibra!


Caballos
Gallos
Un león en contrapicado
Dos gatos me miran
Todos cierran los ojos
Ansias de poder
Un solo ego
Fuerza
Vibra


El diablo con sed
Percusión fuerte
Puños cerrados
Poder
Siente el ego
¿Lo sientes?
¡Vibra!

miércoles, 29 de junio de 2011

Tal vez el agua, tal vez el aire (parte 2)



“Nadar es vivir”, pensaba el Delfín cuando recorría las aguas densas del ultra-mar. Se puede nadar aún en la tierra. Se puede nadar aún en el aire. Se puede nadar-dicen- aún en el espacio virtual. Que intrigantes resultan ser las cosas cuando no se tiene nada claro, pero a la vez, que fantástico resulta ser no tener certeza de nada, para empezar a descubrir todo.

Las nuevas olas suelen refrescar el mar. Se acercan a la orilla, remiden la arena, anidan las espumas y se alejan para el devenir de nuevas olas. Así funcionó siempre y así funciona bien. El Delfín lo sabe, por eso nada atravesando caudalosas corrientes, por eso nada fuerte, allá en el ultra-mar, por eso hoy su pulso late más fuerte.

La sirena meditabunda, de mirada lenta y voz sublime, lastima a las pobres aves de que la rodean. Las lastima con su encantadora belleza, pues de tanto mirarla mueren impactados de tanto derroche de beldad. Ahí va ella, con tan bella paciencia en una isla apurada. Allí va ella, con tanta ilusión en una isla desierta. Ahí va ella, tan humana, tan sirena.

El frío del pacifico trae garuas, motivación que inspira la creación artística, que impulsan a los animales marinos a querer acercarse a la superficie del mar. El Delfín no es la excepción y una extraña motivación lo lleva a querer nadar sobre la superficie del agua. Tal vez el agua, tal vez el aire. Nada cauto y presume encontrar algo. Quizá allá afuera lo espere una isla o algo más…

¿Qué pasará con el Delfín? ¿Qué extraña motivación lo lleva a querer nadar sobre la superficie del mar? ¿Qué es lo que presume? ¿Se encontrarán el Delfín y la sirena? ¿Se atreverá la sirena a que el Delfín conozca su isla? ¿Cómo terminará la historia?

miércoles, 8 de junio de 2011

Tal vez agua, tal vez viento



“Tiene una mirada tenue y triste, muy parecida a la mía”, pensó el Delfín. No quería acercarse, tenía ciertos miedos. La miraba y la miraba, siempre de arriba abajo, pues no quería salir del agua. “Si salgo, podrá observarme y capaz nos llevemos una desilusión uno del otro”, pensaba.

La veía desde el interior del agua. Su figura lo atrapaba. Parecía cegado e indolente, al tiempo el delfín se volvió Epicurista, a pesar que ambos apenas podían verse a través del agua. Sus voces, siempre animales y arcanas, no cesaban. Muchas veces caían en el absurdo, pero “incluso la incoherencia suele ser divertida”, pensaba el Delfín.

La sirena, sentada en su isla, miraba desolada como se había alejado de las demás sirenas. Ahora se encontraba sola, y aunque siempre fue su deseo tener una isla propia, le costaba adaptarse. Fue entonces cuando, destino desdichado que decide el futuro, el mar le arrogó un animal, con el que puede salir del letargo.

“No entiendo nada”, pensaba cabizbajo el delfín. Su cuerpo lizo y con olor de ultra-mar se deslizaba vivo, muy vivo, por debajo del mar. Tenía ganas de romper el nivel del agua con el aire, pero aun se contenía. Podía verlo, pero a la vez quería ser visto. Su presente era el agua, tal vez el viento. “Mañana será mejor", pensó y enterró su cabeza a toda furia para volver a nadar…

viernes, 18 de marzo de 2011

Atrapando tiempos


La vez que el adivino se acercó al profeta ambos dudaron de su destino, la predicción entre sí no podría ser más profunda. Nunca antes se pudo ver dos hombres más ilustrados en el devenir.

-El después mato al presente, dijo el adivino
-Mañana es mejor, respondió el profeta

No se saludaron. Solo se habían cruzado en algún desierto de cualquier lugar. Cuán difícil debe ser soportar las tormentas de arena. Vestidos de túnicas celeste y blanca. Sin mucho misterio pero con tanto que decir. Luego de densas miradas, volvieron a embestir.

-Siempre es hoy, dijo el primero.
-Solo se conoce el presente, refirió el segundo.

Nubes grises se acercaban y mientras, los dos parados frente a frente, sin mucho dolor en sus vidas. Encarnados en diferentes tiempos, solo bastaba ver en sus miradas la intensidad de su alma, el espejo del ser. Nunca mas, dos hombres volvieron a permanecer en una misma orbita, pero a la vez, contrariados por significados de sus mismos mensajes. Por un momento, dejaron de mirarse, solo se observaban. Fue la última vez que se vieron y la primera vez que se conocieron.

-Todo tiempo pasado fue mejor, dijo uno
-El único tiempo concreto, conocido y añorado es el pasado, dijo el otro.

Encogieron los hombros. Dudas generan más dudas y uno nunca terminara de comprender cuan ancho y arcano puede ser el tiempo. Se volvieron mutuamente, mientras siguieron su camino. Adivino y profeta se marcharon con diferentes y comunes destinos. Adivino y profeta marcaron diferentes tiempos y senderos. ¿A cuál de ellos vas tú?